EL BUS DE INFANTIL
Simbad el marino

   Hace muchos años nació Simbad en una ciudad de Bagdad. Siendo aún muy joven heredó de su familia una enorme fortuna que gastó en lujos y fiestas. Cuando le quedaba ya poco dinero decidió embarcarse en un navío y marcharse hacia las Indias para comerciar.

   Un día muy caluroso el viento dejó de soplar y el barco se paró muy cerca de una isla. Simbad y otros tripulantes del barco decidieron hacer una excursión por la isla y, una vez allí, prendieron fuego para asar carne. De repente, el suelo se estremeció como si fuera sacudido por un terremoto. ¡Lo que habían creído una isla era el lomo de una gran ballena!

   El animal empezó a dar coletazos y Simbad cayó al agua. Los tripulantes del barco pensaron que se había ahogado. Sin embargo, Simbad consiguió agarrarse a una madera. Al cabo de dos días una ola le arrojó sobre una isla.

   -¿Qué será esto? exclamó extrañado al ver una bola blanca de gran tamaño.

   De pronto, Simbad miró a lo alto y vio a un inmenso pájaro que iba hacia él.

   -¡Es el pájaro Roc dijo asustado.

   En efecto, era el pájaro Roc y aquella bola blanca era uno de sus huevos. De hecho, lo que hizo el enorme animal fue dejarse caer sobre el huevo para calentarlo.

   -¡Ya Sé lo que haré! - pensó Simbad-. Enrollaré mi turbante a la pata del pájaro Roc.

   Y al amanecer, el pájaro se echó a volar y el marino con él, hasta otro lugar en el que se posó.

   -¡Bueno! exclamó el marino -. ¡Veamos dónde he venido a parar.

   En seguida se dio cuenta de que se hallaba en un profundo valle, rodeado de montañas tan altas que era imposible escalarlas.

   En la falda de una de las montañas se sentó a descansar cuando, de repente, vio que estaba rodeado de serpientes.

   -¡Qué mala suerte! - se lamentó -. ¡Consigo escapar de un callejón sin salida para venir a otro peor!

   Sin embargo, aquel misterioso valle también estaba lleno de preciosos diamantes.

   -¡Aquí estoy rodeado de una fortuna con la que podría comprar medio mundo y condenado a no salir jamás de este lugar !exclamó Simbad!.

   Por lo que pudiera pasar, llenó de diamantes una bolsa de cuero que llevaba.

   - Ya sé lo que haré para salir de aquí mataré a una serpiente y me ataré a ella con el turbante.

   Así lo hizo, y se tumbó a la espera de que el pájaro Roc viese la serpiente y la cogiera para comérsela.

   Pocos minutos después el monstruo de los aires planeó sobre el valle y al ver la serpiente la apresó con sus garras.

   Durante el viaje, el pájaro sobrevoló el mar y Simbad divisó un enorme barco navegando sobre las aguas azules. Cortó con un cuchillo el turbante y cayó al agua confiando en que los tripulantes del barco le rescataran. ¡Por fin estaba a salvo!

   Gracias a los diamantes no le faltó de nada, pero muy pronto volvió a embarcarse.

   En esta ocasión unos piratas asaltaron su barco y apresaron a Simbad para venderlo como esclavo.

   - Pareces un hombre fuerte dijo un mercader que quería comprarlo dime las cosas que sabes hacer para ver si me puedes servir.

   - Manejo muy bien el arco contestó Simbad.

   - Bien demuéstramelo. Ve a la selva y tráeme marfil de elefantes le pidió el mercader.

   A Simbad le daba mucha pena cazar elefantes y siempre fallaba los disparos. Un día vio un elefante muy viejo y lo siguió. Este le llevó hasta el cementerio de los elefantes. Allí había tantos colmillos que cuando informó a su amo éste se volvió loco de alegría.

   En agradecimiento le dejó libre y le regaló un barco para que Simbad siguiese corriendo aventuras.

          Adaptación del cuento Oriental
 

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