EL BUS DE INFANTIL
EL Buhonero de Swaffham

   Una vez, hace mucho tiempo, cuando el Puente de Londres estaba bordeado de tiendas, un buhonero vivía en el campo, lejos de aquella ciudad, tuvo un extraño sueño. Soñó que si iba al Puente de Londres le darían buenas noticias. La primera vez que tuvo el sueño no le prestó mucha atención. La segunda vez comenzó a dudar, y la tercera vez que se repitió el sueño, decidió viajar a Londres.

   Como era demasiado pobre para alquilar un caballo y el camino era muy largo, sus zapatos estaban desgastados cuando llegó allí.

   Caminó de un lado al otro del puente durante tres días esperando oír cuáles podrían ser las buenas noticias soñadas. Al tercer día, uno de los tenderos que tenía su comercio sobre el puente no pudo contener su curiosidad.

   Dejó a su esposa para que sirviera a los clientes y fue a hablar con el buhonero.

   - Le he visto caminar de un lado al otro del puente durante tres días enteros - le dijo -. ¿tiene algo que vender?

   -¡No! - respondió el buhonero.

   -¿Entonces es que está usted mendigando? - preguntó el tendero, mirando a los desgastados zapatos y polvorienta chaqueta del buhonero.

   - Por supuesto que no - replicó inmediatamente el buhonero.

   - Entonces, ¿puede decirme que está haciendo? - inquirió el tendero. El buhonero le contó lo de su sueño.
   El tendero entonces se rió con alborozo.

   -¿Quiere decir que ha hecho todo este viaje a causa de un sueño? También yo sueño, ¡caramba! precisamente anoche soñé que en un huerto situado tras la casa de un buhonero en Swaffham, que es un lugar que no he oído hablar jamás, hay un roble, y debajo del roble está enterrado un tesoro... Ahora bien, si piensa usted que yo sería tan necio como para dejar mi tienda e ir a un lugar del cual no he oído habla nunca solamente porque tuve un sueño...

   -¡Oiga! ¿Adónde va?

   -¡A casa! - le respondió el buhonero volviendo su cabeza.

   ¡Qué individuo tan raro! se dijo el tendero, y volvió a su tienda moviendo la cabeza de izquierda a derecha, pensando en las excentricidades de la gente.

   Cómo iba a él a saber que el buhonero vivía en un lugar llamado Swaffham y que había un huerto detrás su casa.

   Incluso caminando deprisa, el buhonero tardó varios días en llegar a su casa, pero tan pronto como llegó allí, fue al huerto y comenzó a cavar. Y era verdad: allí encontró enterrado el cofre de un tesoro.

   Y, de esta forma el buhonero fue hombre rico hasta el final de sus días, y todo debido a un sueño. O, mejor digo, a dos sueños: si él no hubiera hecho caso de su propio sueño, no habría oído el sueño del tendero sin duda alguna, el tesoro que lo hizo rico estaría enterrado todavía.

 

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