EL BUS DE INFANTIL
La cenicienta

   En un lejano país, vino al mundo una niña muy bella, a la que pusieron por nombre Cenicienta, y cuya madrina fue el hada Buena del Bosque. A los pocos meses murió su madre y durante varios años solo tuvo la compañía de su padre, que era un rico comerciante que hacía largos viajes a los países vecinos para comprar y vender mercancías.

   Un día su padre conoció a una viuda que le pareció buena; además tenía dos hijas de su anterior matrimonio, y pensó que era una oportunidad de dar a Cenicienta una segunda madre.

   Pero no fue así. La madrastra y sus hijas se dedicaron a hacerle la vida imposible a Cenicienta. Fingían ser amables con ella cuando estaba el padre, pero cuando se iba la mandaban hacer todas las labores de la casa. Cenicienta se pasaba el día trabajando y llorando en su fría habitación del desván, adonde la habían trasladado.

   Un día apareció un paje del Rey que fue leyendo un bando por toda la ciudad. En él decía que todos los habitantes quedaban invitados a las fiestas que se iban a celebrar en honor del Príncipe heredero, debiendo acudir con los trajes más bonitos que tuvieran.

   Todos se pusieron muy contentos y comenzaron a preparar sus vestidos. También Cenicienta, la madrastra y sus dos hijas pusieron manos a la obra. Cenicienta debía fregar los suelos, lavar, planchar, hacer la compra y la comida y además tuvo que coser los trajes de la madrastra y sus hijas.

   Llegó el día señalado, la madrastra y sus hijas decían a Cenicienta: Plánchame el vestido, cóseme un botón, ayúdame a vestirme, tráeme los zapatos, y muchas cosas más. Por fin estaban lujosamente vestidas y enjoyadas.

   - ¡Vamos! Dijo la madrastra a sus hijas, y dirigiéndose a Cenicienta que aún estaba con las ropas de estar en casa, pues no había tenido tiempo de terminar su vestido, añadió:

   - Tú no puedes venir con ese vestido y como ya está aquí la carroza, no podemos esperarte, así que te quedas en casa.

   Y las tres marcharon riéndose.

   Cenicienta se quedó llorando. -¡Qué desgraciada soy! - exclamó -. ¡Y eso que mi madrina fue el hada Buena del Bosque!

   Apenas había pronunciado el nombre del Hada, esta apareció resplandeciente con una varita mágica en la mano derecha.

   ¡Largo tiempo he esperado a que me llamaras para poderte ayudar! Yo haré que ahora se cumplan todos tus deseos. Trae del jardín una calabaza.

   Así lo hizo Cenicienta; y apenas hubo depositado la calabaza en el suelo, el Hada la tocó con su varita y quedó transformada en una fastuosa carroza. Apuntando luego hacia un nido de ratones, los convirtió en ocho briosos caballos. Y volviéndose hacia una familia de lagartijas las transformó en los más apuestos pajes. Luego apuntó a Cenicienta y al instante apareció vestida con el traje más maravilloso que uno pueda imaginarse.

   El hada Buena le dijo: A las doce de la noche deberás regresar a casa, pues a esa hora el poder de mi magia desaparecerá.

   La carroza partió velozmente hacia la fiesta del palacio, y cuando la muchacha entró en el baile del palacio todos se apartaron para dejarle paso, y el hijo del Rey ya no quiso bailar con ninguna otra joven. Todo el mundo se moría de envidia, sobre todo la madrastra y sus hijas.

   Cenicienta se distrajo bailando con el Príncipe, cuando oyó las campanadas del reloj de la torre que comenzaba a dar las doce y recordó la advertencia del Hada.
Salió corriendo del palacio y perdió uno de sus zapatos de cristal. El Príncipe la siguió, pero solo encontró en la escalinata el zapato maravilloso, y se prometió buscar a su dueña por todo el reino.

   Envió a sus pajes por toda la ciudad, para buscar a la joven dueña del zapato de cristal.

   Rápidamente, las hijas de la madrastra quisieron probarse el zapato, pero sus pies no cabían en él.

   - Pruébalo tú también - indicó el paje a Cenicienta.

   -¡De ninguna manera! gritó la madrastra -. ¡Esta es la fregona!

   - La orden es para todas las jóvenes del reino dijo el paje.

   Y Cenicienta se probó el zapato que le entró como un guante. El asombro fue general, la madrastra y sus hijas se morían de envidia al ver a Cenicienta dirigirse al palacio acompañada del paje.

   Pocos días después, Cenicienta se casaba con el Príncipe, mientras todas las campanas de la ciudad tocaban alegres y jubilosas.

              (Charles Perrault. Adaptación)
 

A CUENTOS
GUIONES DE COMPRENSIÓN